Recientemente, el informe del PNUD ha mostrado que las demandas de cambio social (por ejemplo, la demanda por mayor igualdad) siguen estando presentes en gran parte de los chilenos y chilenas. Sin embargo, dicho informe señala también que el país no tiene las capacidades sociales suficientes para conducir dichos cambios.
La falta de estas capacidades obedece, en primer lugar, a relaciones disfuncionales entre los actores que deberían conducir los cambios, como movimientos sociales, elites y ciudadanía.
Estas relaciones disfuncionales se observan –según muestra el informe–, en la desconfianza ciudadana en las instituciones políticas o en la separación entre movimientos sociales y partidos políticos, lo cual dificulta la construcción de agendas unitarias (que superen las demandas fragmentadas) y orientadas en torno a estrategias consistentes de cambio social.
En segundo lugar, la falta de capacidades para el cambio es el resultado de la preeminencia de lógicas inhibidoras del cambio, las que se observan a nivel institucional y de discursos públicos e individuales (por ejemplo, en prácticas obstruccionistas de parte de las elites políticas y en el reforzamiento de la desconfianza y de lógicas de acción individualistas, que desincentivan la participación de las personas en acciones colectivas).